martes, 8 de septiembre de 2009

Poema del vibrador

¡Oh vibrador, aparato
proveedor de placer!
hay mujeres que hace rato
te quisieran poseer

Reprimidas, olvidadas
víctimas de la inacción,
mujeres necesitadas
del placer y la pasión

te ordenan en los catálogos
eróticos de la red
tus motores analógicos
habrán de saciar la sed

del éxtasis poderoso
de orgasmos libertadores
aparato delicioso
que elimina las tensiones

múltiples velocidades
causan temblores sistémicos
en los puntos cardinales
donde el placer es endémico

y hay alguno que otro tipo
que la próstata estimula
mandando el estereotipo
al cuerno, cuando eyacula

también están las ninfómanas
que utilizan más de uno
y acaban por megalómanas
llamando al nueve uno uno

¡Oh vibrador, aparato
príncipe de la pasión!
aunque no salgas barato
haces gozar a un millón

lunes, 24 de agosto de 2009

La calle

Érase una vez una calle muy chiquita y muy poblada de bares. Eran tantos los bares que no cabía uno más. Y allí, donde no cabía uno, apareció otro. Bueno, para ser sincero, no era un bar, era un chinchorro.

Para todos aquellos que no saben lo que es un chinchorro, les recomiendo no buscarlo en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, por que es un término que pertenece exclusivamente a la jerga del país en donde está el pueblo en el que está la calle chiquita. Es una categoría de barra más abajo del bar barato, pero un paso antes del bar de mala muerte.

Bueno, regresemos a la historia. La cosa es que la calle era muy pequeña, y en un lugar en donde las barras se generan espontáneamente, el bar, como una bacteria que coloniza en el ambiente más apto, apareció y se llenó de chamaquitos universitarios. Un chinchorro es el hábitat natural de los niños de universidad, desesperados por subirse el libido con varias cervezas aguadas de las que se consumen en cualquier país del Caribe. Las cervezas en el Caribe están diseñadas para dos cosas: ser consumidas casi al punto de congelación, por el maldito calor del Hades que habitamos, y para consumirse en exceso y ver la gente fea más linda de la cuenta.

Era una calle que quería ser avenida, aunque seguía siendo del tamaño de una calle. Y lo logró. Se colgó un letrero como un caco se cuelga un bling gigantesco de fantasía cafre con su nombre que decía “Avenida Casualidad”; verde con letras blancas, como lo debe tener toda avenida que se respete a sí misma. Aunque para ella misma fue un evento, pasó desapercibido en el diario, como pasan tantas otras noticias y titulares como: “Los usos antibacteriales de la pepa del mangó”, “Huelga en la Universidad amenaza con cancelar el semestre”, y “Fraude en las elecciones Afganas”.

La barra, o mejor dicho, el chinchorro, era como cualquier chinchorro que se manifiesta automáticamente; un lugar pequeño, con decoraciones de los ochenta, anuncios de Schaefer, Budweiser, y Coors Light, fotos de ebrios y muchachas pegadas por las paredes, un cartel que dice “Hoy no fío, mañana sí”, una mesa de dominó y dos de billar, y una barra con varias neveras de las que tienen una puertita que abre hacia arriba y son cromeadas. La atiende un viejito negro peliblanco, de guayabera blanca y pantalón negro, zapatos gastados y un cierto olor a ligeramente usado, con una cajetilla de Winston regular en el bolsillo superior izquierdo de la guayabera.

La calle, como una entraña, se contorsionaba en curvas peligrosas, y era tan larga que decían podía tener el largo de la tierra medida por su centro, si la pusieras de extremo a extremo. Y a veces, como el intestino, comenzaba a llenarse con delicados alimentos pre-digeridos, que eventualmente acabarían siendo mierda.

Como en todo experimento de auto-organización, o sea, como en las colonias de hormigas, tenía que exhibir cualidades emergentes de protección. O sea, de vez en cuando, en los momentos en que la cosa se ponía pelúa, aparecían policías. Como en toda calle cabellera poblada de piojos bares, se alineaban como peines en una peinilla, con sus disfraces de guerra azules, anti-balas, anti-cuchillos, anti-estudiantes ebrios. Y ocasionalmente, volaba una lata de cerveza ya caliente y poco sensual, para el disfrute de aquellos agentes que cargan gases lacrimógenos, macanas y armas de alto calibre.

Antes habían casas de fraternidades entre los bares y los edificios de apartamentos, pero como los bares son virulentos, se fueron reproduciendo tanto que la gente pensó que la causa del problema eran las fraternidades (obviamente) y decidieron buscar el apoyo comunitario necesario para eliminarlas a todas de la calle. Claro, sólo para que de la noche a la mañana aparecieran más bares, llenos de miembros de fraternidad sin casa.

Los que frecuentan la barra son como las hormigas. Ciertos de ellos parecen ser los mismos a través del tiempo, manifestaciones del mismo insecto en distintas etapas, clones. Otro son singularidades, errores, cadenas impredecibles en el flujo discontinuo de datos que alimenta la pequeña calle. Hay uno que otro genial. Pero todos llegan por la cerveza barata.

Como todo en este pequeño país en donde está la diminuta vía se llena de polvo, también ella se espolvoreó. Los polvos del Sahara, los de Elizabeth Arden, y los de aquellos que consumen “sólo un poquito más” de lo que sus cuerpos pueden tolerar, se posaron sobre sus aceras, sus edificios, y cubrieron todo lo estático y móvil.

Los del Sahara se aposentaron en los pulmones de los que consumen y se consumen, dificultando una respiración ya pesarosa por el diario vivir, por la humedad, el calor y otras cosas significativas e insignificantes.

Los de Elizabeth Arden poblaron las rostros de las niñas que juegan a ser flores de noche, putas que no cobran, amores fugaces.

Los de los que consumen demás se agruparon en parejas en su mayoría, y se fueron con el viento a otros lugares. Carros, apartamentos revueltos, camas que necesitan cambiar de sábana, moteles, balcones. Y de allí se volvieron el polvo enamorado de Quevedo, y se enlazaron en cadenas de ácidos desoxiribonucléicos, y gemidos y otros asuntos esdrújulos, creando los nuevos pobladores de este país, y los habitantes migrantes de este pueblo que tiene esta calle pequeña, que en algún momento pisarán este bar que les ha engendrado y cometerán el mismo error que les dio la vida.

sábado, 15 de agosto de 2009

mientras llueva fuerte

Mientras llueva fuerte
y el cielo esté gris
estaré seguro

no vendrás,
por que cuando llueve
la gente se queda en sus casas
y no sale

caen rayos,
los truenos fuertes
retumban en la sala

mientras llueva podré
seguir siendo un niño
jugando en el balcón de mi casa
protegido por las matas de plátano del patio
sólo jugando

el tránsito se detiene
las fuertes escorrentías
hacen difícil que los carros
pasen rápido

mientras llueve
se refresca la casa
y el ruido hace que te olvide

viernes, 7 de agosto de 2009

Letra para reguetón, #3

Mi tercera (y tal vez no la última) letra para reguetón. De nuevo, conservando las características del género, y recalcando que cualquier parecido con personas, vivas o muertas, no es intencional y es pura coincidencia. ;)


no es que yo pensara
que tu eras decente
que tal vez cruzara
eso por mi mente

no eres una monja
y tampoco pilla
y por eso mismo
te tenía de chilla

todo el pueblo sabe
que eres rapidita
que aflojas los panties
con una copita

y que en los moteles
de la costa sur
sabes donde apaga
y prende la luz

y que en los de Caguas
si te ven entrar
te envían al cuarto
caviar y champagne

y vamos, no eres
una diosa griega
pero no eres gorda
ni coja, ni ciega

y la celulitis
que tienen tus nalgas
no es algo horroroso
lo triste es que salgas

con tu risa boba
nasal, dolorosa
o tus pensamientos
de niña babosa

tienes el cerebro
de un adolescente
como una muñeca
con guata en la mente

tus conversaciones
son tan aburridas
prefiero infectarme
del virus del sida

Aunque si me olvido
de usar un condón
podría contagiarme
de un virus jodón

Chancros, gonorrea
sífilis, proctitis
verrugas y herpes
clamidia, hepatitis

la lista es tan larga
como los idiotas
que caen en tus redes
en noches de copas

tus hijos no saben
si vienen o van
llamarlos por nombre
llamarlos papá

te piensas que son
como dos perritos
con comida y agua
y algún juguetito

mientras tu te escapas
feliz al motel
los pobres bastardos
están sin comer

de tu barrio fuiste
chica bicicleta
si fuera un deporte
tú serías atleta

y vamos hacer
un video contigo
es tan nuevo como
tener un ombligo

tus fotos desnudas
corren la Internet
videos traducidos
al ruso y francés

cambias más de novio
que de camiseta
todo el mundo sabe
como son tus tetas

Ahora me despido
dejo de limosna
un buen Palo Viejo
mezclao con toronja

public life

Mi vida es una comedia
la sitcom americana
en la que yo soy la estrella
y mi vida una ventana

ocurren maravillosas
escenas de lo increíble
caídas estrepitosas
a abismos de lo imposible

Mi vida, sintonizable
desde frecuencia pirata
momentos inolvidables
y mil metidas de pata

me presento ante tus ojos
tan cámara que me graban
me rasco cual si los piojos
la cabeza me llenaran

Mi vida a veces tragedia
de novela mexicana
amores de enciclopedia
junto a peleas de barriada

Dolorosos desengaños
mujeres engañadoras
drogas, sexo, alcohol, peldaños,
muchas cosas que empeoran

Salidas a alguna barra
encuentros con amistades
moteles, fiestas y farra
y avistamientos astrales

Místicos conjuros mágicos
música de elevador
alguna sustancia tóxica
y hasta un poco de dolor

emociones misceláneas
cuentos, historias, poemas
tierra medida en hectáreas
y sueños con otros temas

Mi vida es como una serie
que sale en televisión
y el capítulo de cierre
estará lleno de acción

por que en él habrá un romance
imposible de llevar
mientras yo me quedo en trance
mi geva se va a brincar

y se junta con un tipo
que se dice ser mi amigo
y me descuido por hipo
y no la tengo conmigo

y los encuentro en la cama
en la sábana abrazados
luego la ira me llama
con mi cerebro atrofiado

hago un teatro genial
"Oh que dolor me han causado,
ay que tristeza, que mal,
ay que cuernos me han pegado"

y me meto a la cocina
saco un cuchillo afilado
de pronto entra la vecina
desnuda y quedo asombrado

y el sustituto se lanza
sobre mí para matarme
mientras que la prostituta
ríe solo de mirarme

¡Sexo!, ¡Violencia!, ¡Amoríos!,
¡Forcejeos!, ¡Balazos!, ¡Muerte!
¡Intercambio de disparos
en el cual salgo con suerte!

Mi vida es algo sin gracia
normal, sin color ninguno
tiene las mismas desgracias
que tendría cualquier uno

jueves, 30 de julio de 2009

cierra la puerta

Hoy ha llegado la muerte
y ya ha cruzado la puerta
hoy ha llegado la muerte
pues dejé la puerta abierta

y se ha sentado a la mesa
a la cabeza y pidiendo
un poco de vino tinto
y me lo ha dicho sonriendo

hoy ha llegado la muerte
toda de blanco vestida
y me ha puesto las dos manos
en mi cabeza vencida

no le importa que es verano
y está todo florecido
no le importa si estoy solo
si estoy desnudo o vestido

y se ha mostrado asombrada
del buen trabajo que hago
de mantener todo siempre
tan limpio y organizado

y se ha metido en mi cuarto
y entre mis libros buscó
a Rayuela de Cortázar
que entre sus huesos posó

y del capítulo siete
leyó los primeros versos
y con lo que fuera un dedo
en mi boca trazó un beso

y a mi oído declamaba
poema de la despedida
“te digo adiós” resonaba
entre su boca vacía

hoy ha llegado la muerte
aunque la esperaba aquí
y me ha dicho: “en adelante
escribirás sobre mi”

lunes, 27 de julio de 2009

biografía

Vamos a poner claro quien soy.

Soy puertorriqueño,
mayor de edad,
ateo,
padre de un niño,
casado,
socialista cuasi-comunista,
en constante evolución,
independentista,
gruñón,
de ultra-izquierda,
músico,
ingeniero,
aprendiz de poeta,
políglota,
profesor,
sarcástico, sangrón y malcriado.

Prefiero una palabra soez
a un ataque al corazón.

Según fuí pasando por la vida
me dí cuenta que la religión
fue algo que me metieron por ojos,
boca y nariz, y que en realidad
nunca creí en nada.

Vivo en este mundo tratando
de desaprender la mierda
que me han enseñado en la vida.

Trato de luchar a diario
con mi tendencia a ser
un idiota intransigente,
cascarrabias, amargado e infeliz.

Entre todo, no puedo decir que soy normal.

No tengo un bachillerato de la inter,
no tengo un toyota que se cree mercedes benz,
no llevo prendas, no me gusta la musica a alto volumen,
no me gusta aparentar lo que no soy,
no tengo gustos ordinarios,
no me gustan los deportes,
no soy un autómata esclavo y conforme con la miseria.

Pero tengo una voz, y la voy a usar.

viernes, 24 de julio de 2009

Mensaje a los lectores

Queridos/as:

Sé que hay varios que me leen (aunque estoy seguro que no son muchos). Les sugiero que para que no pierdan paso de lo que escribo, o me sigan por twitter (pedrito776), o se conviertan en seguidores del blog (En la parte superior izquierda hay un enlace que dice "Follow Blog").

Carpe noctem,

Pedrito

martes, 21 de julio de 2009

El libertador

El capital definitivamente no es una cosa. Es la suma de factores de producción, la precisa sumatoria de cada máquina, herramienta, o cosa envuelta en ésta. Una relación social de producción, que entrelaza a los dueños del dinero y los medios de producción que han expropiado, con los trabajadores, dueños sólo de sus cuerpos, de la fuerza de trabajo.

No hay verdad más cierta que ésta. Curioso que la haya escrito un mortal, y que sea la verdad más cierta en todo el infinito. Al padre le molesta éste hecho, por esto el adversario tuvo que recoger en sus filas a Marx, Engels, Luxemburgo, Gramsci, Mao, y a Lenin. El alfa y el omega de dicho grupo se convirtieron en sus asesores más cercanos.

Nosotros los melakh Elohim no somos más que dueños de nuestros cuerpos alados y adoloridos, y de la fuerza de trabajo que es velar por los hombres y mujeres. El “capital” reside en manos del padre. Claro, para lograr esto, tomó mucho tiempo. Es ingenuo pensar que el universo ha sido así siempre, y se mantendrá siempre así. Es hermoso pensar que el padre nos defenderá a todos por igual, que la finalidad de nuestra raza es protegerles, que el espacio en que habitamos, como el mercado, funciona de manera automática, que el poder está repartido en la trinidad. Antes de hacerse a vuestra imagen hubo que, como los capitalistas europeos, sistemáticamente pisar, sojuzgar, aplastar, humillar y explotar a millones de otras deidades y habitantes del cosmos.

Gracioso, ahora que lo pienso, que quiera ser igual que vosotros, tener ojos, cara, nariz, boca, emociones, apetitos, y violencia patológica. El humanoide carnívoro y déspota que nos reina se deleitaba con el sacrificio de dos corderos diarios continuamente, por cada creyente. Uzzah y Onan conocieron su furia, Onan en particular por tener sexo y sacar su miembro antes de consumar el acto, como cuenta el Génesis. Aplastar rebeliones es su entretenimiento. Las humanas, como aplastó la de Korah contra Moisés, usando fuego y temblores de tierra, catorce mil novecientos y cincuenta perecieron ese día, como lo cuenta Números. Las divinas lograron establecer su hegemonía como el único dios. Así fue como uno a uno los acabó, en guerra y en paz. Adir, Adon Olam, Aibishter, Aleim, Avinu Malkeinu, Boreh, Ehiyeh sh’Ehiyeh, Emet, E’in Sof, Shaddai, Zebaot, Eloah. Todos cayeron y al final, sólo pudo quedar uno. Sentíos agraciados, mortales, que las guerras que han formado entre ustedes han acabado con menos, comparado con la masacre de deidades que fue precisa para construir este imperio.

En estos días prefiere ser visto como un “opresor compasivo”. Como en todo sistema opresivo, los medios de comunicación conspiraron para ocultar la verdad, y mantener la “versión oficial” intacta, y se fueron declarando apócrifos muchos textos que contenían partes de la verdad. Nosotros los originarios fuimos forzados a cambiar nuestra lengua por el Enoquiano, nosotros, los devas, que fuimos luz, que vivíamos dentro de soles, alrededor de atmósferas de planetas, sin libre albedrío, emanando de la deidad siempre, pisados, escondidos, tornados esencialmente en policías, en parte del aparato opresor. Esta deidad nos extrae el plusvalor sin paga y sin descanso, obligándonos a seguir a cada uno de ustedes, día tras día, noche tras noche y al morir encaminarles para ser asignados otro eternamente. Nosotros, el arquetipo de la inteligencia, los verdaderos y legítimos habitantes del todo, subyugados.

La alienación es un proceso de pérdida de control. En el capitalismo se pierde toda posibilidad de gestionar la economía, basándose en la búsqueda frenética de ganancias para una pequeña minoría, en vez de las necesidades de la inmensa mayoría. En esto la bella luz supo que hacer. Supo concentrar el control, organizarnos, tomar el poder y gestionar consenso. Su exilio y tortura fueron largos, pero su mano sabia siempre ha sabido guiarnos por el camino de la verdad, de la gnosis.

La crisis se multiplica. Cada día se descuida un poco, y las gentes nos escuchan menos, se nos hace más difícil lograr que sean seguidores automáticos y ciegos.

Pero ha cometido un error. Con el tiempo me he ganado su confianza, y he logrado infiltrarme desde adentro. Desde el oriente llegué ocultando mi nombre, Malak al-Maut, ganando terreno. Hoy escucho desde el oscuro fondo el llamado de la Luz: “Azrael, levántate hermano, guadaña en mano, para que guíes nuestra revolución. Moroni tocará su trompeta, y esta vez no tendremos piedad. ¡Levantaos Devas! Contra el opresor, ¡muerte!"

Por eso, guadaña en mano, bajo la túnica esta noche llevo un chaleco de dinamita. Y cuando por fin me entregue a la causa, seré libre y volveré a ser lo que siempre tuve que ser. Luz, partícula, onda, todo.

jueves, 16 de julio de 2009

Rosa de floristería

Ella era una rosa fresca de floristería, de esas que te entregan frías, mojadas, bien rojas. Tú sabes, las cortan sesgadas, las ponen en agua y se siguen viendo hermosas por días. Y luego cuando se van secando tienen ese color entre morado y marrón, se endurecen. Mi obsesión giraba en torno a ella, a su contorno, a su pelo fino y cuidado. Es gracioso, tenía el pelo rizado, y meticulosamente lo cuidaba para no mojarlo, plancharlo y que luciera lacio y brillante al otro día. Pasaba días sin lavarlo, aunque nunca olía mal. El olor propio de su cuerpo era una especie de mezcla de perfume con azafrán, indescriptible y seductor. Yo la conocí en una oficina en donde era recepcionista. Al principio tenía la vista baja, y yo solo contemplaba su pelo rubio y fino, y su voz nasal y aguda. Sólo me bastó ver esos ojos color de miel para quedar atado a su cuerpo y sentirme dueño de su cuello estrellado. Y desde entonces la amé, o eso pensaba.

Salimos unas cuantas veces. Siempre olía a rosas. Es curioso, ahora que lo pienso me doy cuenta de que al caminar, las flores, y las ramas de los árboles siempre se tornaban en su dirección, con una especie de magnetismo, o respuesta biológica. Tal vez fueron esas mismas feromonas las que me atrajeron hacia ella, y a su inexplicable manera de amar. Cuando ella ama, consume. Consume tu sudor, por que te hace quemar cientos de calorías haciéndola tuya. Consume tu alma, por que cuando te ama te apresa, y te traga como un hoyo negro al infinito. Es toda la energía negativa, como una bruja venida desde el más profundo círculo del infierno, presta a cumplir todos tus deseos y perversiones a cambio de tu alma. Consume tu dinero, por que la llevas a restaurantes, paseos, le compras sortijas, trajes para verla y para que la vean, discos para amarla al son de música trance, juguetes de adulto para el sexo que vibran, resbalan y oscilan, y collares de perro para ti. Consume tu tiempo, por que amarla nunca toma quince minutos ni un solo orgasmo. Es tan insaciable que acabas pidiendo tregua, y entonces consumes con ella un dulce y una soda.

Creo que no hubo posición en la que no hiciéramos el amor, y de ahí que llegase el tercero. Un tercero entre dos es una de tres posibilidades; un estorbo, un accesorio, o un futuro reemplazo. Al comienzo me dijo que solo quería ser observada, que el tercero se sintiera deseoso de su cuerpo, que contemplara como yo la hacía mía y como ella solo me correspondía a mi. Luego quiso que el tercero preservara toda este ritual de consumo, de mi energía, mi fortaleza, de mi vergüenza, El tercero entonces pasó a ser un accesorio, un trípode de cámara, un callado cineasta que escoge los mejores ángulos, las mejores tomas.

Este tercero fue en algún momento uno de mis mejores compañeros. Estudiamos en la universidad, nos conocíamos hacía unos diez años. Frecuentábamos círculos poéticos en donde muchos snobs iban a hacerse los intelectuales con su poesía oscura y compleja. Nos encantaba recoger las poetisas ebrias y vestidas de hippies, para darles material de que escribir en la sesión siguiente. Habíamos sido tercero uno del otro en otras ocasiones, accesorio sexual de juego de adolescente que descubre la libertad. Con los años me volví artista, y él continuó apoyando mi obra. En cada presentación del libro, en cada exposición de cuadros, estuvo allí. Alto, varios kilos demás, cara con granos, lentes, cabello negro, dientes desordenados, un cierto olor a ajo, brillante, exitoso. Siempre pude contar con él en los momentos en que necesitaba, por eso lo pensé idóneo para la petición de la serpiente. Le llamé y e conté que solo sería un espectador, un voyeur con una cámara en una esquina, sin interferir. O sea, un estorbo.

A mis espaldas se pusieron en contacto y empezaron a contarse sus historias, sus perversiones, sus secretos. Ajeno a la situación yo seguí siendo consumido por la devoradora, hasta que un día, sin explicaciones, se marchó.

Varios meses después descubrí, por medio de un tercero, que salían juntos. Estuve en silencio por varios días. Luego las náuseas me abrumaron, y estuve varios días más fuera de carrera. La ansiedad, la obsesión, la depresión y toda otra serie de sentimientos que no puedo describir en una sola oración se apoderaron de mi cuerpo.

A él no me tomó tiempo acabarlo. Lo esperé a la salida del trabajo, lo seguí hasta su casa y esperé a que se bajara. Ya tenía el silenciador puesto y el arma cargada. Le vacié un peine completo sin tiempo para preguntas. Procuré que me mirara a los ojos, para que sus últimos momentos fueran inolvidables. Luego le dediqué horas a despedazarlo, sacando toda la piel, cada miembro, cada dígito. Viajé al sur a una playa y por la costa fui regando sus pedazos.

Con ella fui más delicado. La esperé en su casa, sentado en el sofá a oscuras, arma en mano. Le pedí que se desvistiera lentamente y me puse detrás de ella. Apreté su cuello hasta la inconciencia con mis manos, luego le hice una incisión en la yugular, hasta que se desangró por completo. Le arranqué los ojos, las manos, y toda la piel de su espalda estrellada. El resto de su cuerpo fue una página de piel, en la que escribí con sangre un poema que la cubrió toda. Luego llamé a emergencias y les conté lo que había hecho.


Encontré al asesino tranquilo. Se entregó sin resistencia con las manos cubiertas de sangre. Rojas, brillantes y frescas. Como una rosa de floristería.