Un cosmoespacio, en la astropista, lleno de grafiti sideral.
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domingo, 28 de junio de 2009
sábado, 27 de junio de 2009
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viernes, 26 de junio de 2009
selva nocturna
lunes, 22 de junio de 2009
...
It's just a phase
jueves, 18 de junio de 2009
Más allá del infinito
I
Comenzó todo con un punto, ella. Como el punto geométrico, no tiene tamaño, ni dimensión. Es solo una idea imaginaria que describe el momento en que la conocí, en el que sus piernas llamaron mi atención y miré en su dirección buscando sus ojos, indicando su posición dentro del sistema. Un segundo punto, yo, puede ser utilizado para indicar una posición distinta en el sistema, pero en ese momento era yo tan indefinido como lo era ella. Creamos la primera dimensión estableciendo una conexión. Entonces todos aquellos que nos rodeaban dejaron de ser parte del sistema, y obedeciendo la dirección del tiempo nos convertimos en una serie de puntos infinitos que obedecen las leyes de la entropía. De pronto fuimos una línea entre un punto y otro, un objeto unidimensional que conectó sus ojos con los míos, sus piernas con mis manos, sus labios a mi.
II
La segunda dimensión fue una bifurcación, un brinco entre nuestros puntos y un tercero. En ese tiempo éramos solo planos, y veíamos las cosas de las dimensiones superiores como inalcanzables. Yo le explicaba que el amor era imposible, que sólo éramos cuerpos que se unen, que no estábamos diseñados para ser más por nuestra plana condición. Y entonces establecimos ese tercer punto al que llegamos una tarde, cuando todos nuestros puntos se confundieron en un sistema mayor y más complejo en el cual determinar que punto pertenecía a que sistema se hizo casi imposible.
III
En la tercera dimensión nos convertimos en cuerpos con profundidad, y sus formas que antes eran solo trazos de línea, se volvieron sólidos de revolución. Y sus senos que antes eran solo una colección de puntos y círculos vistos desde arriba se volvieron masas que pude sentir entre mis manos. Y sus nalgas que no eran más que cortes seccionales, se volvieron montes prestos a ser explorados. Y vivimos sin momentos, sin conocer el tiempo y su dirección.
IV
La cuarta dimensión incluyó el tiempo, y en ese momento complicamos las cosas, por que cuando introduces el tiempo en ésta ecuación en la que dos seres que se desean son partes, comienzas un experimento con múltiples posibilidades. Y el tiempo, que siempre fluye en una dirección y nunca cesa, comenzó a pasar por nuestros cuerpos antes planos, y nos vimos juntos en secciones, como las secciones de un celuloide que se divide en 30 por segundo. Y nuestras vidas, antes puntos separados, se juntaron, ahora puntos sobre una línea y luego figuras con alto, ancho y profundidad. Y comenzamos a entremezclar las manos y a pasar por el tiempo juntos, y el tiempo juntos se volvió indispensable y necesario. Nos vimos como una larga y ondulada serpiente, desde el nacimiento hasta aquél día de la primera dimensión, y comprendimos que era posible morir desfasados, o tal vez no continuar la jornada en esa dirección en el mismo plano, y por tanto decidimos seccionar el tiempo en deltas muy pequeños para disfrutar cada sección con la mayor de las pasiones.
V
Pero en la quinta dimensión no estamos al tanto de las cosas que suceden, es decir. Nos movemos en el tiempo y pensamos que vamos en una línea recta, cuando en realidad solo estamos dando vueltas y retorciéndonos en la quinta dimensión. Y cuando nos vemos en el origen de la jornada, nunca pudimos ver las vueltas que dimos, pues somos incapaces de percibir dichos cambios. Y la quinta dimensión complicó aún más nuestra percepción de lo que éramos juntos, por que se convirtió en una multitud de posibilidades a las que podíamos saltar en cualquier momento. En una yo era un joven inexperto que comenzaba su vida como un adulto y ella era una niña ignorante e inocente que me miraba con grandes ojos, de los que yo quedaba prendado y eventualmente la seducía hasta hacerla mi mujer, la que habría de darme hijos y verme morir una noche. En otra yo la conocía, pero no era más que otro punto más que compone el mar de personas que es como un universo en sí mismo. En otra la conocía, la dejaba ir, sólo para encontrarla años después, y tener un fugaz pero apasionado romance. En otra simplemente no nos cruzábamos. En otra éramos dos fantasmas hechos de ceros y unos que se encuentran el espacios que existen solo dentro de un ordenador que en si es un universo contenido, y esos dos se encuentran y pasan de lo discreto a lo continuo en un cuarto de hotel en el que se aman, se retratan y se desmiembran. Y esta infinidad de posibilidades complicó aún más lo que éramos cuando éramos una sola posibilidad, una sola línea de tiempo.
VI
Fue entonces cuando aquél que fui o soy quiso cambiar el tiempo, por que el resultado no era como él quería que fuese. Para esto decidió entrar en la sexta dimensión y buscar en su pasado el porqué. Pero se dio cuenta de que esa línea de tiempo que buscaba era muy difícil de alcanzar. Para llegar a ella, tenía dos opciones. De alguna manera tendría que ir hacia atrás en el tiempo, cambiar las condiciones iniciales que hicieran que no se cumpliera aquello que no él deseaba, y continuar en el tiempo en esa línea, a ver si el cambio en las condiciones iniciales haría un cambio en el resultado final. Pero si fuese capaz de doblar la quinta dimensión y hacerla tocar la sexta, sería capaz de ver el resultado final. Dicha teoría hizo compleja en su mente, y decidió darle una explicación sencilla, inventándose un dios y una serie de reglas inviolables que le prohibieron viajar en el tiempo y cambiar las condiciones, y por tanto ella permaneció inalcanzable en su línea de tiempo. Si sólo se hubiese atrevido a dar el paso en aquél momento, decirle que le amaba, que todas las metáforas del mundo le llenaban los labios cuando pensaba en ella, tal vez las condiciones iniciales del sistema fueran distintas, y ella sería entonces el motivo para levantarse a hacer el amor a las cuatro de la mañana todos los días.
VII
La séptima dimensión habla del infinito, pero de solo uno de los infinitos. El universo como lo conocemos tiene un comienzo, y habrá de tener un final. Quiere decir que estuvo regido por unas condiciones iniciales, se desarrolló y fue evolucionando, y nos encontramos en una sección discreta de esa línea de tiempo, hasta que decida morir por alguna razón. Esta línea es la cuarta dimensión, en la que viajamos en una dirección a través del tiempo. La séptima recoge todos los posibles comienzos, desde el comienzo, y todos los posibles finales, y los resume en un solo punto, que llamamos infinito. En éste punto fuimos capaces de vivir todo cuando deseábamos vivir. Ser una pareja de amantes, ser una pareja consensual sin hijos, ser una pareja casada sin hijos, una pareja casada y con hijos, ser amigos que se juntan, ser compañeros inseparables. Y lo vivimos todo a la misma vez, dentro del mismo tiempo, por que de nuevo el tiempo desapareció y formó parte de un solo punto en el que estábamos ella, yo y todo lo que nos rodea. En un punto se contuvieron todas las posibilidades.
VIII
Pero un punto en la séptima dimensión es solo una parte de la historia, por que como un punto solo indica localización, tiene que existir más de uno para que pueda haber una conexión entre dos y constituir una línea. ¿Pero como puede haber algo más allá de lo infinito? Fue entonces cuando tuve la gnosis, y supe que no era sólo mi historia y su historia y todas las posibles historias, nuestras y las de otros, contenidas en un solo punto, si no que ambos éramos universos paralelos sobre la séptima dimensión. Ella existía de acuerdo a una serie de condiciones iniciales que generaron su Big Bang y le dieron comienzo a las líneas de tiempo que la llevan del principio a su fin, al igual que yo. Coexistimos en este plano y buscamos conectarnos. Por lo tanto, ese primer intento casual en la localidad se convirtió en una serie de infinitos, que desde diferentes puntos de vista son, de nuevo, una conexión en la globalidad. Ella un universo, toda una serie de infinitos contenidos en un punto. Nosotros, una continuidad de infinitos conectando dos puntos, o sea, una línea entre su universo y el mío. Y por más imposible que pueda sonar esto, si fuera posible que yo, un universo, buscándole tomase otro camino, seríamos un sendero bifurcado, en la octava dimensión.
IX
Pero, ¿será posible que todo sea un ciclo? ¿qué esté condenado a tratar de conectarme a ella y que solo sea una posibilidad dentro de infinitas posibilidades de conseguir lo infinito? Si yo, un universo que le busca, que le inventa y que navega en el tiempo para encontrarla, tomase otro camino distinto al que estoy llevando para tratar de chocar con ella, ¿llegaré a su punto?, ¿llegaré a otro? ¿Y si equivoco la ruta, podría viajar hacia atrás en el tiempo y cambiar las condiciones iniciales?
X
Tú y yo somos dos universos que existimos en un espacio que no tiene forma. Navegamos por ese tiempo sin darnos cuenta de lo que somos, hasta que de momento tenemos la gnosis y sabemos, que somos dos universos, pero en realidad queremos ser un solo universo. Y nos damos cuenta de pronto de que en realidad somos un solo punto, un punto que contiene todas las posibles bifurcaciones de todas las líneas de tiempo posibles de todos los universos infinitos posibles. Y me hace sentido que seamos solo un punto sobre un plano y no una línea, por que al imaginarse todo lo posible, en todos los universos, tiempos e infinitos, sólo me queda pensar que somos uno, en tiempo, sin tiempo y a veces a destiempo.
miércoles, 17 de junio de 2009
nombre ciudad
Por la mañana,
niña traviesa,
te despertaba
con tiernos golpes
sobre tu piel
que mi cuerpo daba
Entre tu boca
sabor a fresas
se descubría,
y por tu espalda
con mis dos dedos
camino abría
Y tú en tu sueño
de vino tinto
y culpas roncabas,
y entre mis manos
monte de Venus
que se escapaba
Nombre ciudad
tu blanco rostro
sigo buscando
mujer de mármol
aún mi cuerpo
te anda anhelando
Aquella noche
fijo mirabas
y me besaste
ojos cerrados
manos creadoras
dulce contraste
En una cuerda
encontré las letras
que dan tu nombre
y en otra cuerda
encontré el misterio
que siempre escondes
Y entre mis manos
tu piel de seda
se deshacía
y de momento
rompió el silencio
tu melodía
Nombre ciudad
tu blanco rostro
sigo buscando
mujer de mármol
aún mi cuerpo
te anda anhelando
Poema de deseo de una mujer
Eres malo para mi salud
por que no puedo controlar mis acciones
por que las ganas de besarte cuando cantas
van más allá de lo que puedo controlar
por que mis brazos quieren perderse en tu piel
y que me cuentes historias de otras tierras
por que mi piel se eriza con tu presencia
y presiente tu paso de hormiga sobre ella
me haces daño
por que no puedo controlar los deseos
de sentirte dentro, de que me toques,
de que me arranques gemidos del pecho
Por que mis senos reclaman tus labios
por que mi vientre espera tus caricias
por que mi espalda y pecas quieren que las cuentes
por que me excitas y me descontrolas
por que se me humedecen hasta los labios,
por que me olvido de mis compromisos
y caigo en la trampa de tu voz y tus labios
sin que la hayas tendido
eres malo para mi salud
pero cuando me llames
te diré que si,
y me sacarás de mi monótono viernes
lunes, 15 de junio de 2009
olor
Tuve que sacar la mano por la ventana del carro y conducir con una mano las restantes dos horas de camino, por que el olor no me dejaba respirar. Aún con la mano seca sentía ese fuerte olor, una mezcla del olor de los Doritos con olor a sexo entre mis dedos medio y anular. En la boca sentía un fuerte y vivo sabor a mariposas.
Y es que esa tarde, sobre la hierba, la encontré. Llovía, con mucho sol, y yo buscaba refugio en un árbol. Allí estaba, maquillada y disfrazada de suelo, la diosa del engaño. No era que su piel fuera de musgo y toda ella humedad, ni que sus ojos tuvieran el color del suelo mojado por el rocío, ni que las mariposas le cubrieran el vientre, era que al verla no hubo tiempo y pararon las gotas. De pronto me vi rodeado de ruidos de tambor como los que se le dedican a los santos, y ella danzó como si otro dios furioso le poseyera el cuerpo. Me rodeó, húmeda y vegetal, verde y sudorosa. Me arrojó al suelo y se tumbó a mi lado, y dirigió mi mano izquierda sobre todo el musgo que le cubría la piel. Sus ojos gigantes me atravesaban el cuerpo que temblaba de sorpresa. Me hizo comerme una mariposa. Jamás imaginé que las mariposas saben a algodón de azúcar, a nube de lluvia. Comulgué de las mariposas de su cuerpo y de su humedad de musgo y suelo, y cesaron los tambores y volvieron a caer las gotas, fuertemente. De pronto en mis dedos sentí la espesa savia de un árbol, dorada y pegajosa. Fue entonces cuando desapareció, dejándome estas cicatrices, la mano y su olor, y las mariposas en la boca.
Me lavé las manos varias veces. Jabones diversos, lejía, cloro, creolina, aceites, todo, y el olor persistía. Ya no podía soportarlo, y de momento me pasó por la cabeza cortarme los dedos. Con un cuchillo afilado y sin pensar me piqué ambos dedos. Sólo me dio tiempo para abrir un hueco en la tierra del patio y enterrarlos muy profundo. El resto es borroso, dicen que me encontraron dentro de la casa, en un charco de sangre y casi muerto. Al no encontrar los dedos, me quedó la mano lista para un concierto de rock.
Sólo hasta hoy me doy cuenta de los árboles, y de su fuerte olor. Escucho tambores, se acerca una tormenta.